Aunque el título suene a estelas de muchos secretos, lo cierto es que los romanos se encargaban de dejar en claro todo lo que hacían en los territorios transitorios o no, al fin y al cabo eran parte de sus dominios. Gracias a esas ínfulas de no guardar nada, en la actualidad podemos disfrutar de un destino de una forma diferente. Dos de esos restos vivos de un transcendental período romano para ver y disfrutar en la sierra de Cádiz, son las Salinas Romanas de Iptuci, y un paseo por la Calzada Romana que une de una forma extraordinaria dos preciosos pueblos blancos, Benaocaz y Ubrique.

Ubrique desde la calzada romana en la Sierra de Cádiz.

Vista de Ubrique desde la calzada romana en la Sierra de Cádiz.

A la sierra de Cádiz por primera vez, e intensamente

Cuando supe que íbamos a conocer algunos vestigios romanos en la provincia gaditana, no imaginé que serían dos grandes lugares de interés que están en plena sierra de Cádiz. Fuera de esto, se habla mucho más entre los amigos, sobre las preciosas playas y “pescaito frito”, y por si acaso de algo más semejante por esos lares. De ahí mi sorpresa cuando visitamos Cádiz en dos días, en los cuales vinieron con diferentes actividades, de las que voy a entrar en líneas posteriores. ¡Vimos la playa desde lejos!

Salinas romanas de Iptuci en la Sierra de Cádiz.

Salinas romanas de Iptuci a pie del Cabezo de Hortales en la Sierra de Cádiz.

Salinas Romanas de Iptuci

Antes de hablar de la sal, voy a referime a Iptuci, el asentamiento romano que alcanzó su plenitud a finales del siglo II, cuyos restos arqueológicos se encuentran en el cerro Cabezo de Hortales, dentro de los límites municipales del pueblo Prado del Rey, a pocos kilómetros del centro urbano.

Las Salinas Romanas de Iptuci.

Las Salinas Romanas de Iptuci al atardecer.

Junto a esos restos, o al pie, hay mucha sal, o mejor dicho se encuentran las Salinas Romanas de Iptuci.

Es algo habitual o más bien muy cotidiano decir que la sal enriquece o da sabor a las comidas, sin este apreciado oro blanco (término que me acabo de inventar), los platos o preparaciones gastronómicas podrían saber sosas o sin ningún sentido. De ahí que siempre está presente en casi todos los hogares del mundo, salvo excepciones, por decisión propia o por recomendación médica.

Las Salinas Romanas de Iptuci tras la evaporación.

Las salinas romanas de Iptuci tras la evaporación.

Los romanos sabían muy bien de las propiedades gustativas que aporta la sal, y ojo, aquí hago un mea culpa de ignorancia, ya que siempre –hasta este viaje de #cadizintensamente- pensé que la sal solo provenía del mar, de las salinas que se encuentran dentro y a la vez cerca de sus orillas.

¡Ya sabes que viajar es una muy buena terapia para la ignorancia! Con esto queda demostrado…

Es así que en el mismo -del ahora Parque Natural de Los Arconales– y a pie del cerro mencionado (Cabezo de Hortales), las salinas fueron desde tiempos remotos, y es parte de una industria viva que aún perdura, y que espero que siga por más tiempo. Eso dependerá de nosotros, de ahí la importancia de conocer y experimentar los territorios, sin caer siempre en lo clásico, como ir a la playas de Cádiz.

Hombres trabajando...con la camára.

Hombres trabajando…con la camára. Además de probar si la sal es salada.

Un gran tesoro en la sierra gaditana

Y, esto hace confirmar que el interior de la sierra de Cádiz en España, guarda este y muchos tesoros, en este caso cuyo epicentro principal es el manantial del que sale agua de forma constante durante todo el año.

Este fenómeno natural como si fuera “una ebullición” hizo que se construyeran desde épocas fenicias las salinas que se conservan, y se explotan de forma artesanal. En cada “cosecha o temporada” de unos tres meses de trabajo, se puede obtener hasta 800 toneladas de este oro blanco.

Bendito Manantial, en las Salinas Romanas de Iptuci.

¡Bendito Manantial! Salinas Romanas de Iptuci.

Con el tour gestionado por Genatur, pudimos observar todo lo que conlleva las salinas, además de seguir de cerca la explicación de alguien familiar a este territorio.

Un ejemplo claro, es ver las pozas a donde se dirige el agua de unos 25º C que emana de los manantiales. Asimismo, y aunque parezca insignificante el gesto de tocar las escamas de sal, es una experiencia que se suma en las únicas salinas del interior en la sierra de Cádiz.

El agua que emana de forma constante del manantial en las Salinas Romanas de Iptuci.

El agua que emana del manantial hace su recorrido natural hacia las pozas.

El proceso es artesanal

Todo el proceso es una maravilla, ya que es de forma natural y sin trampas, el agua atraviesa diversos materiales en su paso, muchos de ellos ricos en sales solubles que proporcionan el contenido salino.

El Sol intenso es también responsable y hace su parte, dejando la sal que queda después de la evaporación. Como ves, un proceso propio de la naturaleza –nada de maquinaria industrial- desde principio a fin.Todo de una forma artesanal.

Sacos de sal ya listos para su comercialización. Salinas Romanas de Iptuci.

Sacos de sal ya listos para su comercialización.

Productos de la tierra

Después de darte unas pinceladas del proceso salino, permíteme destacar que no todo lo que se extrae es la sal gorda que tanto se conoce, ya que también puedes tener en casa las “escamas de sal” ideales para pescados y carnes a la barbacoa.

Escama de sal en mis dedos. Salinas Romas de Iptuci.

Escama de sal en mis dedos. Salinas Romas de Iptuci en la Sierra de Cádiz.

Para que tengas éxito y sorprendas en casa, pon las escamas de sal justo antes de servir los platos para que sean más apetecible. ¡Lo he probado en casa y sabeeeee genial!

Asimismo, en el punto de venta de las salinas, puedes adquirir flores de sal o las pirámides que se usan mucho para decoración en gastronomía. Así que, tienes varias opciones para extender la experiencia en tu casa u otro lugar que apetezca.

Productos de las Salinas Romanas de Iptuci para la casa.

Productos de las Salinas Romanas de Iptuci para la casa. ¡A poner sabor a la comidad!

¡No todos los caminos llevan a Roma!

Así pudimos vivir –la calzada romana– de la mejor manera, caminando en el tramo descendente, desde el pueblo de Benaocaz a Ubrique, trayecto que puede durar una hora y media.

Para nuestra sorpresa, lo hicimos en casi tres horas, tiempo que te hace notar que pudimos disfrutar y aprender de las explicaciones de nuestra compañera y guía de Genatur.También podrías hacer el tramo de forma inversa, es decir de Ubrique a Benaocaz.

Prueba de que hicimos el tramo Benaocaz - Ubrique.

Prueba de que hicimos el tramo Benaocaz – Ubrique. ¡Un gran equipo!

La calzada llena de datos

La calzada en varias zonas visibles, tiene un ancho promedio de 2,5 metros. En ese mismo recorrido podemos disfrutar del paisaje que va cambiando conforme vas descendiendo, todo se entremezcla de una rica y variada flora y fauna, aunque a simple vista y sin guía no se puede apreciar y valorar a las especies que te acompañan en el camino, a no ser que seas un experto.

Sintiendo los pasos romanos en la calzada de 2,5 metros de ancho. Tramo Benaocaz y Ubrique.

Sintiendo los pasos romanos en la calzada de 2,5 metros de ancho.

Hermoso paisaje en la Sierra de Cádiz visto desde la calzada romana entre Benaocaz y Ubrique.

Hermoso paisaje en la Sierra de Cádiz visto desde la calzada romana.

Los vegetales que están en el camino son el Lentisco (con una aroma agradable, ideal para perfumar las manos, aunque no comestible), los algarrobos, entre otras especies.

Flora en en la calzada romana en el tramo Benaocaz y Ubrique.

Flora en en la calzada romana en el tramo Benaocaz-Ubrique. Sierra de Cádiz.

Este tramo de la calzada romana (Entre Benaocaz y Ubrique o viceversa), coincide en un determinado punto con el Gran Recorrido romano GR-7 que va desde Tarifa hasta el Peloponeso Griego. ¡No sabían nada los romanos!

Sendero Europeo E-4 Tarifa - Atenas.

Sendero Europeo E-4 Tarifa – Atenas en la Sierra de Cádiz.

Un recorrido variado

Durante el recorrido, pudimos apreciar formaciones rocosas de muchas índoles que parecen “algo más del trayecto”.

Piedras de la calzada romana, trayecto Benaocaz y Ubrique.

Piedras de la calzada romana.

En algunos tramos vimos algunas alcantarillas hechas de piedra y ladrillo, artefactos que se usaban para arrojar el agua hacia las pendientes, para así evitar el daño de la propia calzada.

Vuelvo a repetir, sin un guía, la experiencia puede ser bastante precaria, sobre todo si vas sin saber lo que ves durante el recorrido en esta parte de la sierra de Cádiz.

Una alcantarilla en la calzada romana en el tramo Benaocaz y Ubrique.

Una alcantarilla en la calzada romana en el tramo Benaocaz-Ubrique.

Para este tramo, recuerda llevar agua y frutas, así como tener un buen calzado, porque el camino puede parecer corto, y dependiendo del clima, la deshidratación podría llamar a tu puerta.

Tras unas horas caminando, conversando, riendo y por supuesto aprendiendo, llegamos al bello pueblo blanco de Ubrique. Y ya que estás allí, también te recomiendo visitar el Museo de la Piel de Ubrique.

¿Te imaginabas a Cádiz con estas experiencias romanas?

Pues para la próxima ya sabes, Cádiz no solo es sinónimo de bonitas playas o “pescaito frito”, así que anímate y también date la oportunidad de explorar y visitar la sierra de Cádiz de una manera diferente.

Nota

Este viaje fue realizado en octubre del 2017, gracias a la invitación de la sinergia producida entre Turismo Andaluz, el Patronato Provincial de Turismo de Cádiz y Descubre Comunicaciones. Todo lo que pudimos ver y más publicaciones en la sierra de Cádiz lo puedes encontrar en las redes sociales a través del hashtag principal #cadizintensamente además de #MagicCádiz

 

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