Conocí a Diana a través de #ViajesChat me contó muchas de sus aventuras viajeras, entre ellas, la de su primer viaje al extranjero que fue toda una travesía, y que te lo cuenta en esta publicación, con el propósito de darte esos ánimos que estás buscando para el salto de viajar solo o sola, claro está.

Mujer joven caminando en un aeropuerto. Mi primer viaje al extranjero.

Mujer joven caminando en un aeropuerto. Foto gracias a Shutterstock.

El primer viaje al extranjero de Diana

Hace diez años perdí una de las más grandes oportunidades que se presentó en mi vida. Mis padres me ofrecieron viajar con ellos en un tour por Europa, el cual hubiera sido ideal para estrenar mi primer viaje al extranjero. Nada más y nada menos que al viejo continente.

En esa oportunidad me negué a acompañarlos porque -según yo- por mantener una estabilidad laboral en mi entonces soñado empleo.

A los dos días del viaje de mis padres me despidieron del trabajo, me quedé llorando sola en casa, y bien dicen por ahí que fue una oportunidad perdida, sobre todo cuando te molesta al recordar este episodio.

Fue así que comenzó la historia

Conseguí un nuevo empleo. Conocí gran parte de mi país: México y finalmente el destino me llevó hasta el estado de Puebla. La rutina formó parte de mi vida, compré una casa de ensueño, más bienes materiales. Además en aquel entonces, estaba convencida que los enfados y las continuas llamadas de atención de mi jefe valían la pena, con tal de mantener un estatus laboral.

¿Y para qué?

Un día mi entonces jefe, me dijo a viva voz que no cuajaba en el equipo de trabajo, y practicamente me obligó a firmar una carta de renuncia, en la cual declaraba a no percibir ninguna liquidación.

Hasta aquí pensarás que quizás yo era el problema. Y sí, yo lo era.

Ese mismo día llamó mi mejor amigo y me dijo: “Voy a vivir en Alemania un año, me voy el jueves, anímate.” No lo volví a pensar, me adelanté, renuncié a mi trabajo (ahora sí de forma voluntaria), compré un boleto de avión para ocho días después y llamé a mi amigo para contarle lo emocionada que estaba.

Ante esto él me contestó: “Diana, me cancelaron el proyecto, ya no voy a ir” Imagina mi cara, me puse nerviosa, me angustié por el tema del idioma, y me pregunté ¿y ahora qué voy hacer?, ¿A dónde llegaré? Tenía miedo, mucho miedo.

No cancelé el vuelo; no volví a perder una nueva oportunidad en este mi gran primer viaje al extranjero. Hice mi maleta, estaba hecha un manojo de nervios, miedos, angustia, ganas de llorar. Dejaba todo: familia, amigos, novio, país, lenguaje, me preguntaba una y otra vez ¿Diana estás segura?.

Una mujer joven a punto de abordar sola un avión.

Una mujer joven a punto de abordar un avión. Foto gracias a Shutterstock.

Llegó el día del viaje con una escala en Madrid, allí no hubo problemas o algún inconveniente por el idioma, ¡Qué fácil! De ahí volé a Hannover.

Una vez en Hannover comenzó un grupo de aventuras, las máquinas de boletos para el tren estaban en alemán, ¿a dónde iría?, no tenía ni idea. Un ciudadano alemán que pasaba por ahí me explicó cómo obtener los boletos y cómo funcionaba el tren. Y así recorrí parte de Alemania, Francia, Polonia, Bélgica, y Holanda.

Fue lo mejor que pude hacer en mi vida viajera.

Definitivamente no fue fácil, estando en mi primer viaje al extranjero, lloré y me desesperé mucho, estuve aterrada los primeros días, me daba pánico el idioma y los hostales (ahora todo son experiencias) aunque más me aterró al ver lo que había hecho con mi vida.

La única culpa que sentía fue el decir que NO a mis padres, me arrepentí, porque pensé que nunca más volvería a tener esa oportunidad de un primer viaje fuera del país.

Pensaba que al regresar a México, ya no tendría novio, que todo sería diferente y ¿sabes qué? Todo estaba igual, menos yo.

Rompí la burbuja en la cual vivía, y me sentía muy cómoda. Y por fin vi lo que mi padre a menudo me repetía: “hay un mundo más allá de tus narices”.

Dejé la rutina, cambiaron mis prioridades, y ahora mi manera de automotivarme es recordar los bellos destinos a donde pude viajar sola por primera vez.

En efecto, vencí mis miedos e inseguridades. Viajar sola por Europa, me abrió los ojos y puse salir de mi zona de confort.

Te confieso que pensar en viajes me produce emoción, nervios, y mariposas en el estómago, y creo que esto es, lo más parecido al amor.

Aprendí que no necesariamente tienes que salir del país para admirar algo, y que vale la pena vencer tus propios fantamas, y así cumplir tus sueños, ya sea al viajar solo o en compañía.

Agradezco a Bo por darme esta gran oportunidad de poder contarte una parte de mi historia, y que espero te sea muy útil.

Con cariño, Diana.

Si tienes alguna duda o lo tuyo es hacer aportes, te espero en los comentarios.

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